La prediabetes, o hiperglucemia intermedia, se caracteriza por unos niveles de glucosa en sangre superiores a lo normal, pero inferiores a los que se dan en la diabetes. Aunque a menudo no presenta síntomas, indica un alto riesgo de padecer diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. La detección precoz ofrece la oportunidad de retrasar o prevenir la progresión de la enfermedad con un tratamiento oportuno.
¿Qué es la prediabetes?
La prediabetes, o hiperglucemia intermedia, es un término genérico que engloba la intolerancia a la glucosa (IGT) y la hiperglucemia en ayunas (IFG). Estos términos se refieren a unos niveles elevados de glucosa en ayunas o a unos niveles de glucosa que se sitúan por encima del rango normal, pero por debajo del umbral necesario para diagnosticar la diabetes.
¿Quiénes corren el riesgo de padecer prediabetes?
Una combinación de factores genéticos, biológicos, relacionados con el estilo de vida y ambientales aumenta la probabilidad de desarrollar prediabetes. Estos factores son similares a los asociados a la diabetes de tipo 2 e incluyen:
- Antecedentes familiares de diabetes de tipo 2.
- Sobrepeso u obesidad
- Dieta poco saludable
- Inactividad física
- El estrés y la mala calidad del sueño
- Aumento de la edad
- Origen étnico (algunos grupos, como los adultos asiáticos, negros e hispanos, presentan un mayor riesgo)
- Antecedentes de diabetes durante el embarazo (diabetes gestacional)
- Antecedentes de trastornos metabólicos, como hipertensión arterial o colesterol alto
Detección y diagnóstico
Siempre que los recursos lo permitan, los programas comunitarios de detección pueden ayudar a identificar de forma precoz a las personas con riesgo de prediabetes, especialmente en entornos con una alta prevalencia de diabetes. Una vez identificadas, estas personas deberían recibir una formación estructurada que explique los resultados en términos claros y establezca los pasos a seguir.
¿Por qué la prediabetes es un problema a nivel mundial?
La prediabetes es un signo de alerta temprana de la diabetes tipo 2 y afecta a cientos de millones de adultos en todo el mundo. Según las últimas Federación Internacional de Diabetes de Federación Internacional de Diabetes , 635 millones de adultos (de entre 20 y 79 años) padecen intolerancia a la glucosa (IGT) y 488 millones, intolerancia a la glucosa de tipo 1 (IFG).
Las personas con prediabetes también corren un mayor riesgo de sufrir un infarto de miocardio o un ictus que aquellas con niveles normales de glucosa. El nivel de riesgo depende de factores personales como la edad y el índice de masa corporal, por lo que es importante la detección precoz. Un apoyo específico para modificar el estilo de vida, combinado con medicación cuando sea necesario, puede frenar o revertir la enfermedad.
Cómo detectar la prediabetes
La prediabetes se puede diagnosticar mediante análisis de sangre que revelan niveles de glucosa por encima del rango normal, pero por debajo del umbral diagnóstico de la diabetes. Existen tres pruebas principales para detectar la prediabetes:
- Glucemia en ayunas: mide el nivel de glucosa en sangre tras un ayuno nocturno.
- Prueba oral de tolerancia a la glucosa: mide cómo gestiona el organismo la glucosa tras ingerir una bebida que contiene glucosa.
- HbA1c: Refleja el nivel medio de glucosa en sangre de los últimos 2 a 3 meses.
Cuándo hacerse una prueba de prediabetes
Por lo general, se recomienda realizar pruebas de detección de la prediabetes a las personas que presentan uno o más de los factores de riesgo indicados anteriormente. Dado que los síntomas dela diabetes tipo 2 pueden ser leves o incluso inexistentes, es importante identificar a las personas con mayor riesgo de forma precoz, para poder retrasar o prevenir la evolución hacia la diabetes tipo 2.
Reducir el riesgo de prediabetes
Una alimentación saludable y una mayor actividad física, que ayudan a mantener un peso saludable, junto con revisiones médicas periódicas, pueden contribuir a reducir el riesgo de prediabetes.
El apoyo debe centrarse en cambios realistas que se adapten a la vida cotidiana. Entre ellos se incluyen aumentar la actividad física, adoptar una dieta equilibrada rica en alimentos integrales y fibra, y abordar los problemas relacionados con el sueño y el estrés. Los equipos de atención primaria pueden ofrecer asesoramiento, derivar a las personas a programas de estilo de vida y considerar la posibilidad de recetar medicación cuando el riesgo sea elevado y las medidas relacionadas con el estilo de vida resulten insuficientes.
Actividad física
La actividad física es cualquier movimiento que realiza el cuerpo y que quema energía, ya sea durante el tiempo libre, al desplazarse de un lugar a otro, o como parte del trabajo o de las tareas domésticas. La actividad física regular ayuda a que las células del cuerpo respondan mejor a la insulina, lo que contribuye a mantener los niveles de glucosa en sangre dentro de los límites recomendados.
Más información sobre los beneficios de la actividad física
Alimentación sana
Una dieta equilibrada, que incluya la elección de alimentos ricos en nutrientes y el control del tamaño de las raciones, favorece el control del peso, mejora la salud cardíaca y ayuda a mantener los niveles de glucosa en sangre dentro de los límites recomendados.
Más información sobre la alimentación saludable
Control del peso
En las personas con sobrepeso, una pérdida de peso moderada y sostenible —como perder entre el 5 % y el 7 % del peso corporal— puede ayudar a mantener los niveles de glucosa en sangre dentro de los límites normales y a reducir el riesgo de prediabetes y diabetes tipo 2. Un control eficaz del peso debe centrarse en cambios realistas y a largo plazo, como una alimentación equilibrada, la actividad física regular y un apoyo continuo.
El papel de los sistemas sanitarios
Los sistemas sanitarios pueden integrar la prediabetes en la evaluación rutinaria del riesgo cardiovascular, reforzar los itinerarios de atención primaria para la realización de pruebas y el seguimiento, e invertir en programas de prevención que sean accesibles y culturalmente adecuados. El seguimiento debe abarcar tanto las medidas para controlar los niveles de glucosa en sangre como el bienestar general, con el fin de mantener la implicación de los pacientes. Tomar estas medidas ahora reducirá la demanda futura de atención compleja para la diabetes y mejorará la calidad de vida de millones de personas.